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Tiny Epiphanies

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Un regreso

Ayer mi madre me dijo que, en el fondo, todo en la vida es un regreso. 
Así como si nada. 
Como siempre suelta sus verdades.
Como si estuviera hablando del clima o de aquella transacción bancaria que tanta ladilla le dió. 
Como si lo que expresara no fuese impactante. 
Como en algún momento al rededor de mis ocho años me dijo que lo que más sentía por el mar era respeto. 
Y allá a mis ocho retorné ayer al tocarle el brazo a mi otra mitad, la pequeña Lía, con un "Manita, porfa, llévame a la playa. Lo necesito." Y allá en mis ocho me lancé como la isleña que siempre he sido, sabiendo que la marea sabe lo que hace, que no me pusiera a desafiarla, que la dejara hacer su trabajo. 
Y allá una ola se llevó mis ocho y me trajo mis dieciseis, donde recorrí las calles de Condado con mis amigos de secundaria bromeando acerca de los curiosos factores que determinan la estructura de nuestra sociedad, llorando nuestras penas a puras carcajadas, retratándonos en las aceras, bebiendo más de lo que deberíamos y asegurándonos de que cada uno llegaría a casa bien. 
Y allá a todos mis noviembres he vuelto esta mañana, al levantarme con un dulce "Aleeeeeeeee" de mi padre que vibra al son de las ollas y los trastes que se oyen desde la cocina como una parada que celebra el hecho de que mi casa se prepara para la cena de Acción de Gracias. 
Y acá, al bajar las escaleras y dar con la risa de mi hermanita Miranda, mis años de infancia vuelven en destellos que bailan en mi mente y se van con un saludo que me dice que pronto regresarán. 
Así, como las olas.
Al ir y venir de la lejana voz de mi madre, que se destaca entres los ruidos matutinos en lo que le confiesa por teléfono a una amiga querida en Santo Domingo, "¿Tú sabes? Nosotros pasamos más que un forro 'e catre hasta que tú llegaste."
Así, como si nada.